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ABRAMOS LA CANCHA: las barreras que alejan a las niñas del deporte en Chile

Una niña quiere jugar fútbol. Le gusta correr, competir y compartir con sus amigas. Pero el entrenamiento queda lejos de su casa, termina tarde, no existe un equipo femenino en su barrio o simplemente no hay un lugar seguro donde jugar. A veces tiene que compatibilizarlo con las tareas del colegio o con responsabilidades familiares. Otras veces siente que no es suficientemente buena, que la cancha no es un espacio para ella o que su condición física puede convertirse en una barrera para participar con confianza.

Son situaciones cotidianas que, aunque pueden parecer pequeñas por separado, ayudan a explicar por qué tantas niñas abandonan el deporte o nunca llegan a desarrollar una práctica deportiva.

En Chile, apenas 1 de cada 4 niñas y adolescentes alcanza las recomendaciones de actividad física. El dato, basado en la Encuesta Nacional de Actividad Física y Deporte 2024, revela una brecha que comienza desde la infancia: solo el 25,9% de las niñas de entre 5 y 17 años realiza suficiente actividad física.

La desigualdad se acentúa cuando se observa lo que ocurre fuera del horario escolar. Según la Política Nacional de Actividad Física y Deporte 2026–2037 del Ministerio del Deporte, que recoge los resultados de la ENAFyD 2024, apenas el 7,5% de las niñas y adolescentes de ese mismo rango etario cumple las recomendaciones de actividad física durante su tiempo libre. En otras palabras, solo 1 de cada 13 logra hacerlo.

Detrás de estas cifras hay una pregunta que va más allá de cuánto deporte practican las niñas: ¿qué está impidiendo que lleguen a una cancha, se sientan parte de ella y encuentren en el deporte un espacio para crecer? Porque la brecha no se explica únicamente por la falta de actividad física, sino también por los obstáculos que dificultan el acceso, la participación y la permanencia de las niñas en el deporte.

Una revisión sistemática que reunió evidencia de distintos estudios sobre actividad física en adolescentes identificó una serie de obstáculos que se repiten en diferentes contextos. Aunque cada niña vive una realidad distinta, entre las principales barreras que ayudan a entender este fenómeno están:

Espacios deportivos que no están suficientemente preparados para ellas

No basta con que exista una cancha. Importan su seguridad, iluminación, mantenimiento, baños, camarines, accesibilidad y condiciones de uso. En la Consulta Nacional de Niños, Niñas y Adolescentes de 2025, el 43,2% identificó la falta de espacios seguros, bien mantenidos y adecuados como uno de los principales problemas para el desarrollo deportivo de las niñas.

La inseguridad del entorno

El trayecto, el barrio y la percepción de seguridad pueden determinar si una niña puede llegar a entrenar y regresar a su casa tranquilamente.

El autoconcepto y la adolescencia

La relación con el propio cuerpo cambia durante la adolescencia. La pubertad trae transformaciones físicas y, junto con ellas, inseguridades relacionadas con la apariencia, la ropa deportiva, el sudor, el peso o la exposición frente a otras personas, lo que se traduce en una incomodidad durante la actividad física.

La falta de oportunidades, referentes y apoyo

La escasez de programas, instalaciones, recursos, transporte y apoyo familiar también puede dificultar la práctica deportiva. A esto se suma la ausencia de referentes femeninos que permitan a las niñas imaginarse como deportistas y de entornos que fortalezcan su confianza para participar.

¿QUÉ OCURRE CUANDO LAS CONDICIONES CAMBIAN?

Esa pregunta fue precisamente la que Ganémosle a la Calle comenzó a explorar a través de su programa piloto de fútbol femenino.

La fundación, que trabaja desde hace 13 años generando espacios deportivos gratuitos para niños, niñas y adolescentes después de su jornada escolar, abrió a comienzos de 2026 un programa piloto específico para niñas interesadas en el fútbol.

El objetivo de este taller va mucho más allá de enseñar a jugar fútbol. Busca que cada niña encuentre en la cancha un lugar propio, sin importar su experiencia, sus habilidades o cuánto sepa del deporte. Un espacio protector donde pueda equivocarse sin miedo a ser juzgada, atreverse a aprender, fortalecer su autoestima y construir vínculos con otras niñas. Porque sentirse parte de un equipo también significa descubrir que puede confiar en sus capacidades, que tiene un lugar y que merece ocuparlo.

Marcelo Carvajal, profesor y encargado del Taller de Fútbol Femenino de Ganémosle a la Calle, destaca que el impacto se refleja tanto dentro como fuera de la cancha: “Les entregamos un espacio seguro donde puedan jugar, aprender y pasarlo bien, sin vergüenza. Queremos que se sientan parte de un equipo y que eso también les dé confianza en ellas mismas. Hemos visto importantes avances en su técnica y conocimientos de fútbol, pero también en cómo se relacionan entre ellas. Han construido lazos de compañerismo y amistad que son tan importantes como lo que aprenden jugando”.

“Como profesores, nuestro desafío en cada entrenamiento es ayudarlas a descubrir y desarrollar todo su potencial. Para eso, primero necesitan sentirse cómodas, confiar en ellas mismas y disfrutar lo que hacen. Queremos que cada niña encuentre en la cancha un espacio al que quiera volver, donde se sienta acogida, valorada y capaz de seguir creciendo”, agrega.

La experiencia permite observar algo que no siempre se considera al diseñar programas deportivos: cuando existe un espacio accesible, seguro, acompañado por adultos responsables y pensado para ellas, aumentan las posibilidades de que las niñas permanezcan y se desarrollen en el deporte.

Ignacio Bellolio, director ejecutivo de Ganémosle a la Calle, destacó: “Crear espacios deportivos para niñas no significa solamente disponer de un taller, una cancha y un horario. También significa construir ambientes donde puedan participar con confianza, donde se sientan cómodas y donde el foco esté puesto en disfrutar, aprender y desarrollar sus capacidades”.

Actualmente, el programa piloto cuenta con un equipo de 15 niñas, de entre 9 y 17 años, que entrenan dos veces por semana durante todo el año. Su asistencia promedio es superior a la de las niñas que participan en los talleres mixtos de otros centros de la fundación, donde muchas comienzan a practicar deporte, pero les cuesta mantener su participación al no contar siempre con espacios pensados para ellas y con más compañeras que compartan su interés por el fútbol.

“Mi experiencia en el taller de fútbol ha sido muy linda. Aprendí a jugar desde cero, he conocido a muchas personas y a profesores que se han convertido en personas muy importantes para mí, porque me han enseñado y han sido grandes guías. He conocido a niñas muy lindas, motivadoras y buenas amigas, que me inspiran para seguir viniendo, aprendiendo y creciendo junto a este lindo equipo”, cuenta Antonella Rivera, de 16 años, alumna del Taller Femenino de Ganémosle a la Calle.

Esto demuestra que contar con un espacio especialmente pensado para ellas puede marcar una diferencia en la continuidad de su práctica deportiva.

CHILE TIENE TALENTO FEMENINO, PERO ¿CUÁNTAS NIÑAS ESTÁN LLEGANDO A LA CANCHA?

Mientras cientos de niñas enfrentan estas barreras, el deporte femenino chileno vive un período de creciente desarrollo.

El fútbol femenino ha conseguido mayor visibilidad y estructuras competitivas más consolidadas. En hockey césped, Las Diablas consiguieron en marzo de 2026 la clasificación consecutiva a una Copa del Mundo. En handball también se han registrado resultados que muestran la consolidación de una generación competitiva. En septiembre de este año, la selección femenina chilena alcanzó la final del IHF Nations Trophy de la zona sudamericana y aseguró su clasificación al Campeonato Sudamericano y Centroamericano femenino.

El reciente desempeño del Team Chile en los Juegos Suramericanos de Santa Fe 2026 volvió a poner a las deportistas nacionales en el centro: 89 de las 175 medallas obtenidas por Chile tuvieron participación femenina.

Sin duda, en cada una de esas medallas hay años de entrenamiento, disciplina, apoyo familiar, profesores, clubes, infraestructura y oportunidades.

Pero ¿cuántas niñas de nuestro país están teniendo hoy la posibilidad de comenzar ese mismo camino?

¿QUÉ DEBEMOS CAMBIAR PARA QUE EL ACCESO AL DEPORTE SEA UNA REALIDAD PARA TODAS?

Hacer que una niña practique deporte significa reconocer las barreras que hoy existen y buscar la forma de removerlas. Si no tiene tiempo, hay que crear alternativas que se adapten a su realidad. Si no se siente capaz, ofrecer espacios donde pueda aprender y equivocarse sin miedo. Si le preocupa su cuerpo, generar ambientes donde se sienta cómoda. Y si su entorno no es seguro o simplemente no existe un lugar donde jugar, abrir espacios protegidos, accesibles, acompañados y acondicionados.

Una cancha puede ser mucho más que una cancha. Puede ser el lugar donde una niña gana confianza, aprende a trabajar en equipo, construye vínculos, encuentra adultos que la acompañan y descubre capacidades que quizás aún no sabía que tenía. La oportunidad de hacer deporte comienza ahí: en un espacio donde pueda jugar, aprender y crecer.

El desafío para Chile, entonces, no es solo formar a las próximas grandes deportistas, sino lograr que muchas más niñas tengan la oportunidad de acceder al deporte y se sientan realmente motivadas a practicarlo.

Y quizás ese sea el verdadero comienzo de un deporte femenino más fuerte: no cuando una mujer llega al podio, sino mucho antes, cuando una niña entra por primera vez a una cancha y siente que es un lugar para ella.

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